«Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas», destacó el Pontífice en su primer discurso del viaje apostólico a España, durante un encuentro con las autoridades, sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio Real de Madrid, presidido por los Reyes.
Sus palabras ahondaron en la llamada a la concordia contra la crispación y la polarización. «Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable por la civilización del amor», prosiguió, llamando también a la protección de la libertad religiosa y la convivencia.
Para León XIV, «la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer en lugar de disminuir», mientras «la dignidad humana no deja de ser violada». «Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia».
DOS MILENIOS DE CRISTIANISMO
León XIV agradeció a los Reyes la invitación y calificó el viaje como una muestra de «la riqueza multifacética de un gran país que desde hace dos milenios ha acogido el Evangelio». Durante su alocución destacó la primera evangelización de uno de los testigos de Pentecostés, el apóstol Santiago, y subrayó el «vínculo antiquísimo» de la fe cristiana y esta tierra.
Esa relación, subrayó, «ha moldeado profundamente su cultura y representa una fuente de esperanza y de orientación entre los desafíos que hoy como familia humana debemos afrontar juntos». León también dio importancia a la fe popular, el patrimonio artístico y musical y el papel de las cofradías en la promoción del cristianismo, «reflejo de un pueblo lleno de pasión que ama la vida y lo manifiesta».
El Pontífice indicó que su presencia en España supone «confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profunda entre las distintas fuerzas de esta nación».
Asimismo, subrayó que «la historia sugiere que la de España no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad».
Robert Prevost reflexionó también en este discurso sobre que «el mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia resuena para algunos como ingenua y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad».
SANTOS ESPAÑOLES
El Pontífice, con gran conocimiento de España y su Iglesia, puso como ejemplo a dos figuras españolas, que según él, desde hace siglos nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles. Se trata de San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila. También habló de otro santo español, san Ignacio de Loyola, y revindicó que «se necesitan también en la vida pública hombres y mujeres que intuyan en la oscuridad de la luz» la búsqueda de la paz.
En todo este contexto, el Papa lanzó el ofrecimiento de que la Iglesia «está al servicio» no de forma «impositiva», sino con el testimonio del Evangelio «y está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz».
Precisamente, León aprovechó para pedir un «cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural» y recordó la secular historia de la convivencia con el Islam en la península Ibérica, la labor por aglutinar religiones de Alfonso X El Sabio y que «ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas religiones y saberes».
Para finalizar su intervención, el papa Prevost agradeció a España «su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo que se traduce en un compromiso activo por la paz y la solidaridad entre los pueblos».
«Animo a cultivar también en su interior, el diálogo y la amistad social a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, al armonizar las demandas de autonomía y de unidad y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana. Que Dios bendiga a España», concluyó.






















