Perdón por la expresión pero lo de hoy en Castilla-La Mancha es para “mear y no echar gota”. Es absolutamente increíble que en el plazo de dos horas tengamos dos notas de prensa asegurando que la sanidad de Castilla-La Mancha está en el peor momento de su historia en lo que a listas de espera se refiere y, al mismo tiempo, que desde el Gobierno se diga que es el mejor febrero de nunca.
Los ciudadanos no somos tontos y estamos hartos de que nos tomen como tal. Podemos entender que algunos digan blanco y otros gris claro, podemos entender que unos digan azul, otros rojo, otros morado y otros naranja, pero no podemos entender que para unos sea blanco y para otros negro cuando estamos hablando, realmente, de unos mismos datos.
Sería necesario que los datos fueran realmente públicos, y sí, decimos realmente públicos porque la estadística tiene el valor que tiene, que es poco o ninguno. Es más, dependiendo de la actualización que se haga de las bases de datos o de la rapidez de inscribir las listas de espera, así serán unos resultados u otros.
Lo que está claro es que el PSOE no tiene la varita mágica que nos vendieron y que nos hicieron tragar durante la campaña electoral, está claro que el PSOE está haciendo, poco más o menos lo que ya se encontró hace casi dos años.
La cuenta atrás ha empezado y cada día queda menos para que se sometan al examen final que todos los políticos tienen, les guste o no, cada cuatro años y será entonces cuando tengan que responder por las promesas realizadas y las cumplidas.
Ya no valdrá con decir o tirar de estadísticas sino que será el momento de los hechos, el momento de decir que a un hijo o a un padre le hemos tenido que llevar a la sanidad privada por que las listas de espera no hay Dios que las soporte; y no lo decimos por los profesionales que hay en los hospitales, porque con los mimbres que tienen bastante están haciendo, sino por la gestión política que se hace al respecto y por las promesas incumplidas.












































