Así se puso de manifiesto en una nueva edición de los Desayunos POP de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, organizados por Servimedia, bajo el título ‘Invertir en salud: el valor de centrarse en el paciente’, con el objetivo de analizar si la inversión pública en sanidad tiene un impacto directo en el bienestar de las personas, la cohesión social y el desarrollo económico.
En el encuentro participaron la presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), Carina Escobar; el director de Investigación, Innovación y Evaluación Sanitarias del Gobierno vasco, Iñaki Gutiérrez; la responsable del Servicio de Evaluación del Servicio Canario de Salud, Lilibeth Perestelo; y el catedrático de Economía en la Universidad Complutense de Madrid Manuel García-Goñi.
Escobar defendió que el sistema sanitario «necesita una transformación» porque fue diseñado para una realidad distinta a la actual y explicó que estaba “creado para los agudos”. Por ello, describió el modelo como “un sistema muy fragmentado, con poca continuidad asistencial, poco flexible” y “muy poco proactivo”.
A su juicio, esta situación la sufren tanto los pacientes como el propio sistema, que afronta «un escenario cada vez más complejo por el peso creciente de la cronicidad». Por ello, afirmó que “en este momento tenemos que repensar la manera de medir este sistema”, ya que existen “un montón de oportunidades de innovación en todos los ámbitos”.
La presidenta de la POP advirtió de que el sistema sanitario está acostumbrado a medir actividad y por ello reclamó evaluar cómo se prioriza, cómo se estratifica a la población y qué recorrido tiene cada paciente en términos de continuidad asistencial.
Escobar insistió en que la participación de los pacientes debe ampliarse y no limitarse a la demanda, sino orientarse también a la corresponsabilidad. A su juicio, el movimiento asociativo de pacientes ha pasado de «reclamar mejoras a intentar complementar, ayudar y facilitar cambios dentro del sistema».
LA PERCEPCIÓN DEL CIUDADANO
Por su parte, Iñaki Gutiérrez defendió que el debate sobre la sostenibilidad del sistema sanitario debe hacerse sin caer en comparaciones simplistas con otros países europeos. Advirtió de que “ni la financiación de los sistemas de salud en Europa es igual, ni la prestación de servicios sanitarios es igual, ni la demanda de la ciudadanía es igual, ni las características de los profesionales son iguales”.
Gutiérrez puso como ejemplo que algunos países con más profesionales sanitarios por habitante no siempre cuentan con una mejor percepción ciudadana sobre su sistema de salud. Por ello, señaló que el debate no puede limitarse a ratios, listas de espera o volumen de actividad, sino que debe centrarse en «qué resultados en salud obtiene realmente el sistema» y cómo se traducen en bienestar, cohesión social y sostenibilidad.
La cronicidad concentra una parte muy relevante del gasto sanitario y obliga a revisar la forma de atender a los pacientes más complejos, sostuvo; y añadió que “tenemos que repensar y tenemos que buscar nuevas formas” de definir qué se espera del sistema de salud y cómo debe estructurarse sobre la base de los profesionales y de las expectativas de la ciudadanía. Además, recordó que la sociedad ha cambiado, que las necesidades sanitarias también han evolucionado y que el sistema ya no puede organizarse solo en torno a procesos agudos.
Gutiérrez también puso en valor el sistema sanitario español frente a otros modelos europeos. Según afirmó, España cuenta con una Atención Primaria más integrada que muchos países del entorno y con sistemas de información sanitaria potentes. Llegó a señalar que, si España se compara con Europa, su sistema sanitario “es Hollywood”.
MENOS ES MÁS
También defendió la idea de que “menos es más” cuando una mayor actividad sanitaria no aporta valor añadido al paciente. Gutiérrez puso como ejemplo determinados seguimientos o pruebas que pueden aumentar la actividad asistencial sin mejorar necesariamente los resultados, y reclamó analizar «qué actuaciones son realmente necesarias». También reclamó que el sistema sanitario necesita un “pacto social” para sostener decisiones de largo plazo, «especialmente en prevención y salud pública».
Desde la perspectiva de la evaluación de servicios y tecnologías sanitarias, Lilibeth Perestelo defendió incorporar la participación de pacientes y cuidadores en la selección de medidas e indicadores. También reclamó combinar evidencias, resultados reportados por pacientes y deliberación informada para obtener una visión más completa del impacto de las enfermedades y de las intervenciones sanitarias.
Perestelo subrayó además que, en cronicidad, se mide con frecuencia la actividad del sistema (consultas, hospitalizaciones, pruebas o tratamientos), pero se mide peor la carga acumulada de vivir durante años con una enfermedad.
En el debate también se abordó la necesidad de que las estrategias sanitarias trasciendan los ciclos políticos y se consoliden en los profesionales, los gestores y la sociedad. Perestelo sostuvo que las iniciativas que funcionan son «aquellas que dejan de depender exclusivamente de la esfera política» y pasan a asentarse en un nivel más técnico, «con indicadores compartidos y participación de todos los agentes».
Por último, defendió definir indicadores que no sean “tan político dependientes” y que permitan sostener las estrategias aunque cambien los responsables institucionales o los colores políticos.
El encuentro concluyó con una idea compartida: el sistema sanitario español dispone de fortalezas relevantes y de un alto nivel en comparación con otros países europeos, pero debe adaptarse mejor a una sociedad más envejecida, con más cronicidad y con nuevas expectativas. Para ello, pacientes y expertos reclamaron medir menos la actividad por sí misma y más el valor real que la sanidad aporta a la vida de las personas.





















