Millones de personas con discapacidad en todo el mundo afrontan barreras diarias para comunicarse. La imposibilidad de expresarse verbalmente limita aspectos esenciales de la vida cotidiana como transmitir necesidades básicas, participar en la educación, relacionarse con otras personas o tomar decisiones de manera autónoma. Esta situación incrementa el riesgo de aislamiento, dependencia y exclusión social.
Solo en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), más de 221.000 personas residentes en centros de discapacidad presentan condiciones que les impiden comunicarse. A esta realidad se suma que muchas de las herramientas tradicionales de comunicación aumentativa resultan “complejas, costosas o difíciles de utilizar” para personas con limitaciones motoras o cognitivas severas.
En este contexto surgió ‘Livox’, uno de los cuatro proyectos finalistas de los Premios Fundación Mapfre a la Innovación Social, una iniciativa que busca “impulsar propuestas capaces de mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas”.
En esta edición se han presentado un total de 469 proyectos, un 34% más que en 2025. De ellos solo 4 han pasado a la final, procedentes de España, Brasil, México y Estados Unidos. Este jueves por la tarde se dará a conocer el ganador absoluto y recibirá la dotación de 100.000 euros. Los otros tres finalistas percibirán 10.000 euros cada uno.
Los finalistas recibirán “apoyo y orientación” para comunicar y desarrollar sus propuestas de la mano de IE University. También entrarán a formar parte de la Red Innova, la comunidad de emprendedores donde se fomenta el intercambio de conocimiento experto.
La herramienta interpreta gestos, miradas, movimientos, toques imprecisos e interacciones simples y los convierte en lenguaje. Su objetivo es “facilitar una comunicación accesible y adaptada a las capacidades de cada usuario”, según explicó, en declaraciones a Servimedia, Carlos Pereira, fundador y CEO del proyecto.
TECNOLOGÍA ADAPTADA A CADA PERSONA
‘Livox’ funciona en dispositivos convencionales como teléfonos móviles y tabletas, lo que facilita su implantación en hogares, centros educativos y espacios de atención sin necesidad de adquirir tecnología especializada.
La plataforma analiza cómo interactúa cada usuario con el dispositivo y “adapta automáticamente su funcionamiento”. Tiene en cuenta patrones de movimiento, tiempos de respuesta, errores frecuentes o limitaciones motoras para reorganizar elementos, simplificar rutas y personalizar la interfaz.
Además, incorpora sistemas de predicción contextual mediante inteligencia artificial, capaces de anticipar palabras o necesidades en función de la situación, agilizando así el proceso comunicativo.
La aplicación también permite adaptar el tamaño de los elementos visuales, modificar contrastes y utilizar distintos métodos de acceso, incluido ‘eye tracking’ o sistemas controlados mediante pulsadores.
“Desde el principio creamos ‘Livox’ con un diseño universal. Tenemos algoritmos específicos para distintas discapacidades cognitivas, visuales y motoras”, explicó Carlos Pereira.
Pereira destacó que uno de los principales avances fue desarrollar un sistema “capaz de corregir toques imprecisos en pantalla”, pensado inicialmente para su hija Clara: “Ella no podía utilizar una pantalla táctil convencional y creamos un algoritmo para corregir esa imperfección del toque”.
La plataforma ha evolucionado hasta convertirse en un ecosistema colaborativo donde familias, profesionales y usuarios pueden crear y compartir contenidos adaptados a diferentes necesidades. “Hoy ‘Livox’ es una plataforma, no solo una aplicación”, subrayó Pereira.
LA HISTORIA DE CLARA, ORIGEN DEL PROYECTO
‘Livox’ nació en 2013 a partir de la experiencia personal de Carlos Pereira con su hija Clara, que tiene parálisis cerebral como consecuencia de un error médico durante el parto.
“Mi hija no podía comunicarse verbalmente ni expresar lo que necesitaba. Entendí que sin comunicación no hay autonomía ni participación. Por eso decidí crear una herramienta que le permitiera tener voz”, relató.
Aunque no tenía experiencia previa en programación, Pereira aprendió a desarrollar software desde cero para diseñar una solución adaptada a las necesidades de Clara. “Lo que me llevó a hacer esto fue la necesidad de mi hija. Yo no tenía alternativa que no fuera ayudarla”, afirmó.
El uso cotidiano de la herramienta transformó la relación entre ambos y permitió a Clara desarrollar nuevas capacidades. “‘Livox’ me ayudó muchísimo a entender qué pasaba por su cabeza, cuáles eran sus deseos y necesidades. La alfabetizamos y aprendió a leer y escribir usando ‘Livox’”, explicó.
Pereira aseguró que esta experiencia también le permitió romper prejuicios sobre la discapacidad: “Muchas veces se piensa que una persona con discapacidad no es capaz. Pero tenemos que asumir que sí tienen capacidades y darles herramientas para desarrollarlas”.
IMPACTO INTERNACIONAL Y EXPANCIÓN
Actualmente, ‘Livox’ presta servicio a más de 65.000 usuarios y está presente en distintos países con versiones en más de 25 idiomas. La compañía prevé seguir ampliando su alcance internacional durante los próximos años.
La plataforma ha sido reconocida por Naciones Unidas como “la Mejor Aplicación de Inclusión” y fue presentada en Google I/O 2015 como “ejemplo de innovación en accesibilidad”.
Además, mantiene colaboraciones con departamentos municipales de educación en Brasil y trabaja en nuevos procesos de localización y adaptación de contenidos en español.
“Esperamos muy pronto estar también en España”, señaló Pereira, quien explicó que actualmente colaboran con Fundación Mapfre para adaptar los contenidos al público hispanohablante.
“Queremos que las personas con discapacidad puedan vivir más plenamente. Ese es nuestro objetivo”, concluyó Pereira.






















