Uno de los proyectos en los que trabaja su equipo es un apoyo para la mano desarrollado mediante impresión 3D. Según explicó en entrevista con Servimedia, se trata de una ayuda técnica diseñada para personas que han perdido fuerza o capacidad de agarre debido a distintas enfermedades, entre ellas la ELA. Este dispositivo busca facilitar la sujeción de objetos cotidianos como un cubierto, un bolígrafo, un cepillo o dispositivos electrónicos.
La investigadora subrayó que una de las principales ventajas de esta solución es que puede adaptarse a las necesidades concretas de cada paciente. Frente a alternativas comerciales que pueden resultar “más costosas” o “poco flexibles”, la fabricación aditiva permite «personalizar rápidamente el diseño y producirlo a un coste más reducido».
“El objetivo al final es aumentar la autonomía personal”, señaló Sánchez, quien insistió en que recuperar la capacidad de realizar pequeñas tareas por uno mismo tiene un efecto que va mucho más allá de lo funcional. “Cuando una persona recupera la capacidad de realizar pequeñas tareas por sí misma, el impacto en su calidad de vida y en su autoestima es enorme”, explicó.
Sánchez es profesora titular e investigadora de de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación (UPM), e investigadora del Grupo de Ingeniería de Telemedicina del Centro de Tecnología Biomédica. Su trabajo se centra en el desarrollo de tecnologías de apoyo para personas con enfermedades neurodegenerativas, neurológicas y neuromusculares, con el objetivo de «mejorar su autonomía, facilitar tareas básicas de la vida diaria y transformar la investigación pública en soluciones reales para pacientes, cuidadores y profesionales sanitarios».
INDEPENDENCIA Y PARTICIPACIÓN SOCIAL
La investigadora defendió que este tipo de proyectos no deben entenderse solo como desarrollos tecnológicos. “No estamos hablando únicamente de tecnología, sino de independencia, de participación social”, remarcó. Este dispositivo se encuentra actualmente en una fase inicial de desarrollo, centrada en el prototipado y la evaluación con usuarios. Sánchez explicó que el equipo ya ha realizado diferentes iteraciones del diseño y que trabaja en un proceso de codiseño con personal clínico del Hospital público Enfermera Isabel Zendal, en el que hay un centro de día para la atención a enfermos con ELA, además de recoger aportaciones de terapeutas ocupacionales y asociaciones de pacientes.
Ese proceso de evaluación «permite mejorar aspectos como la ergonomía, la comodidad y la facilidad de uso». La impresión 3D facilita «incorporar cambios con rapidez a partir de la experiencia de quienes van a utilizar el dispositivo o acompañan a los pacientes en su día a día», añadió.
El grupo en el que trabaja Sánchez desarrolla otras tecnologías relacionadas con enfermedades neurodegenerativas y discapacidad. Entre ellas figuran herramientas de realidad virtual y realidad mixta orientadas tanto a la rehabilitación como a la formación sanitaria.
Estas tecnologías «permiten crear entornos inmersivos adaptados a las necesidades de cada usuario, paciente o terapeuta, y pueden contribuir a mejorar la adherencia a los tratamientos». El grupo también investiga en inteligencia artificial (IA) aplicada a la salud, especialmente en sistemas capaces de adaptar recomendaciones y procesos de entrenamiento a las características de cada paciente.
Otra línea de trabajo se centra en soluciones de apoyo para personas con enfermedades neurodegenerativas, combinando tecnologías digitales, sensorización y análisis de datos para fomentar la autonomía y monitorizar la evolución funcional de los pacientes de una forma más objetiva.
Sánchez destacó también el desarrollo de sistemas de apoyo a profesionales sanitarios, «especialmente herramientas capaces de extraer más información de las imágenes médicas para ayudar en el diagnóstico, la monitorización y la predicción de la evolución de determinadas patologías». Estas investigaciones no se limitan a la ELA, sino que pueden aplicarse a otras enfermedades similares y a ámbitos más generales de la salud, detalló.
COMPROMISO PÚBLICO Y SOCIAL
La investigadora reconoció que esta dimensión social de la tecnología le genera “especial ilusión”, porque considera que las universidades públicas tienen la capacidad de combinar investigación avanzada, conocimiento tecnológico y compromiso con la sociedad.
“Uno de los objetivos del laboratorio de investigación que dirijo dentro del Grupo de Ingeniería de Telemedicina no es únicamente generar conocimiento científico, sino transformarlo en soluciones reales que mejoren la vida de las personas”, afirmó. Sánchez incluyó en ese impacto no solo a los pacientes, sino también a cuidadores informales y profesionales sanitarios. A su juicio, cuando una tecnología desarrollada en los laboratorios universitarios ayuda a alguien a recuperar autonomía, se demuestra “el valor que la investigación pública puede aportar a la sociedad”.
La investigadora insistió en que la innovación no siempre tiene que medirse por la complejidad del desarrollo, sino por su capacidad real de mejorar la vida cotidiana: “Muchas veces asociamos la tecnología puntera con grandes infraestructuras o desarrollos muy complejos”, pero ese tipo de avances «resumen el sentido último de la ingeniería biomédica aplicada a la discapacidad y a las enfermedades neurodegenerativas: convertir el conocimiento científico en herramientas accesibles, adaptables y útiles para que las personas con pérdida de autonomía puedan seguir participando en su vida diaria con mayor independencia», concluyó.
Esta línea de trabajo se enmarca en el acuerdo firmado entre la UPM y la Asociación Española de Esclerosis Lateral Amiotrófica (adELA), que busca acercar la ingeniería a las necesidades reales de las personas con ELA. La iniciativa pretende que estudiantes e investigadores desarrollen soluciones tecnológicas a partir de la observación directa de los pacientes, sus cuidadores y los profesionales que les atienden.






















