Así lo explicó la técnica de proyectos de mujeres de Plena inclusión España, Cristina Vallelado, en una entrevista con Servimedia, en la que también subrayó que esta situación afecta a todas las etapas del proceso de maternidad, desde la toma de decisiones sobre tener hijos hasta el embarazo, el parto y la crianza, y reclamó una “mayor visibilización de estas mujeres en las políticas públicas”.
El foco, según Vallelado, no está únicamente en la existencia de derechos reconocidos, sino en su aplicación real. Aunque la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad garantiza el derecho a la maternidad, Vallelado denunció que en la práctica “siguen existiendo barreras significativas”.
“La Convención reconoce el derecho a la educación sexual, a decidir si quieres o no tener hijos, cuántos y de qué manera, y a contar con los apoyos necesarios. Sin embargo, en la realidad las mujeres con discapacidad intelectual se enfrentan a muchísimos obstáculos para que esto sea efectivo”, explicó la técnica de proyectos de mujeres de Plena inclusión España.
Vallelado insistió en que uno de los principales problemas es la persistencia de estereotipos sociales profundamente arraigados que cuestionan la capacidad de estas mujeres para ser madres. “Hay una idea muy extendida de que no van a poder cuidar adecuadamente a sus hijos e hijas, y eso condiciona mucho la mirada social e institucional”, señaló.
UNA MATERNIDAD CONDICIONADA POR LA FALTA DE INFORMACIÓN
Cristina Vallelado alertó de que una de las principales carencias es la ausencia de datos sistemáticos sobre la maternidad en mujeres con discapacidad intelectual, lo que dificulta conocer su realidad y diseñar políticas públicas adecuadas.
“Hay muy pocos datos sobre cuál es la realidad de la maternidad en mujeres con discapacidad intelectual”, apuntó Vallelado, quien advirtió de que esta invisibilidad estadística contribuye a que no se planifiquen recursos específicos ni apoyos suficientes.
Según Plena inclusión, esta falta de información se traduce en una respuesta insuficiente por parte del sistema de servicios sociales y sanitarios, especialmente en lo relativo al acompañamiento durante el embarazo y la crianza.
Las mujeres con discapacidad intelectual, explicó la técnica de la organización, suelen encontrarse con importantes dificultades para acceder a información comprensible sobre su salud reproductiva, lo que puede generar incertidumbre y aumentar la vulnerabilidad en momentos clave.
Uno de los elementos más reiterados por las mujeres es la presión social que reciben cuando expresan su deseo de ser madres. Según los datos recogidos por la entidad, alrededor del 77% percibe que la sociedad considera que “no deberían tener hijos” o que “no serán capaces de cuidarlos adecuadamente”.
Este discurso social contrasta con la experiencia de muchas de las mujeres que ya han sido madres, ya que el 96% afirma que “sí ha podido ejercer el cuidado de sus hijos e hijas”.
“Ellas viven una doble contradicción: por un lado, la presión social sobre la maternidad como parte de la identidad femenina y, por otro, la negación de ese derecho en su caso concreto”, explicó Vallelado.
La organización insistió en que estos estereotipos no solo influyen en la percepción social, sino que también pueden condicionar decisiones personales y familiares, generando inseguridad y dudas sobre la propia capacidad.
BARRERAS EN TODAS LAS FASES DE LA MATERNIDAD
Las dificultades no se limitan al momento del embarazo, sino que atraviesan todo el proceso de maternidad. Plena inclusión identificó barreras en la toma de decisiones previas, en el acceso a la atención sanitaria durante la gestación, en el parto y en la etapa de crianza.
Entre los principales problemas detectados se encuentra la falta de información accesible y comprensible en el sistema sanitario, así como la escasez de apoyos especializados tanto en el hospital como en el entorno comunitario.
En muchos casos, la ausencia de recursos formales provoca que el peso del acompañamiento recaiga en la familia de origen, lo que puede generar “situaciones de sobrecarga y dependencia”. “La falta de apoyos hace que muchas veces todo recaiga en la familia, y eso no siempre es sostenible”, señaló Vallelado.
La entidad defendió la necesidad de desarrollar apoyos personalizados adaptados a las necesidades de cada mujer, en función de su situación y del momento vital en el que se encuentre.
Estos apoyos incluyen desde la información accesible y la toma de decisiones acompañada, hasta el apoyo durante el embarazo y la comprensión de los procesos médicos, así como el acompañamiento en la crianza.
Plena inclusión destacó que muchas de estas necesidades son compartidas con otras familias, aunque con diferentes niveles de intensidad, lo que refuerza la importancia de diseñar servicios flexibles y adaptados.
Cristina Vallelado planteó tres grandes líneas de actuación para las administraciones públicas: mejorar la recogida de datos sobre maternidad en mujeres con discapacidad intelectual, desarrollar sistemas de apoyos personalizados y garantizar la accesibilidad universal de los servicios. “Sin datos, sin apoyos y sin accesibilidad, es muy difícil que estos derechos se conviertan en realidad”, resumió Vallelado.
EL TESTIMONIO DE UNA MADRE
La experiencia de Arancha Sánchez-Quiñones Saboya refleja esa realidad. Con 36 años, es madre de un niño de cuatro años y medio y aseguró, en declaraciones a Servimedia, que nunca dejó que su discapacidad intelectual condicionara su deseo de formar una familia. “He tenido un hijo y yo me encargo de él”, afirmó con naturalidad, convencida de que las personas con discapacidad pueden ejercer la maternidad igual que cualquier otra cuando cuentan con los apoyos necesarios.
Arancha relató cómo se enteró de su embarazo de forma inesperada durante una revisión médica, un momento que vivió con sorpresa e incertidumbre. A partir de ahí, su experiencia estuvo marcada por el apoyo de su entorno familiar y por la ausencia del padre del menor en el proceso de crianza.
Durante el embarazo, explicó que experimentó miedos relacionados con la custodia de su hijo y con la posibilidad de perderlo, así como inseguridad sobre el futuro.
Arancha también destacó la importancia de su familia como “principal red de apoyo”, especialmente en los primeros meses de crianza, ante la falta de apoyos formales suficientes.
La madre subrayó además las dificultades para acceder a determinadas ayudas públicas, señalando diferencias en función de la convivencia familiar y la situación económica del hogar, lo que, a su juicio, genera “desigualdades en comparación con otras madres”.
Reconoció que, al principio, hubo personas que dudaron de que pudiera asumir esa responsabilidad. Sin embargo, explicó que el día a día ha desmontado muchos de esos prejuicios. Como cualquier madre, ha tenido que aprender, afrontar dificultades y adaptarse a nuevas situaciones, pero consideró que “eso forma parte de la experiencia de criar a un hijo y no depende de tener o no una discapacidad”.
Plena Inclusión insistió en que la maternidad de las mujeres con discapacidad intelectual continúa siendo una realidad muy poco visible y excesivamente condicionada por estereotipos sociales. Esa invisibilidad, advirtió, dificulta la planificación de recursos y perpetúa situaciones de desigualdad que podrían evitarse con políticas públicas específicas.
Por ello, la entidad reclamó un cambio de enfoque que sitúe a estas mujeres como “titulares de derechos y no como personas sobre las que decidir”. Para conseguirlo considera imprescindible “mejorar el conocimiento estadístico”, “reforzar los apoyos personalizados” durante todo el proceso de maternidad y “garantizar que los servicios públicos sean accesibles” desde el primer momento.





















