Lo hizo en su discurso de presentación del discurso de León XIV ante la Cámara Baja, después de expresar al pontífice su «respeto institucional» y «afecto sincero» y constatar el «significado profundo» de su visita en «un momento de especial relevancia» por la «incertidumbre global» y la «polarización que amenaza con debilitar las democracias».
La presidenta del Congreso invocó «espacios de encuentro» alrededor de «la dignidad humana, la justicia y la esperanza» , y aseguró que en la Cámara hay «respeto a la libertad de conciencia y el valor del diálogo» sobre el «respesto» y la «escucha activa». Citando al poeta medieval mallorquín Ramón Llull y su constatación de que la justicia exige trabajo, impuso el de trabajar «por los derechos humanos».
Tras su denuncia de la masacre de los débiles a manos de unos pocos fuertes y la ruptura del orden internacional, llamó a «posicionarse en el lado correcto», que a su juicio es el de «la paz», «la justicia» y el «derecho internacional humanitario», con instituciones multilaterales, porque «el multilateralismo es una condición para la posibilidad de la convivencia internacional».
«Hay que restaurar el orden internacional: deben imperar las leyes, no la fuerza; deben vencer el humanismo y la solidaridad. Y solo vencerán, qué duda cabe, si concentramos nuestro empeño en las tareas democráticas», proclamó, enumerando entre ellas «la lucha contra la pobreza, contra la precariedad y contra las violencias», entre ellas la «de género» y la «racista», y el «reparto equitativo de los bienes».
CAMBIO CLIMÁTICO, SALUD UNIVERSAL Y MIGRANTES
También mencionó las tareas de «combatir el cambio climático» y garantizar «la salud como un derecho universal» y proteger «la dignidad de todos, también de las personas migrantes», preceptos de contenido más político que institucional, y sobre los que podría haber discrepancias en algunos partidos. Aquí introdujo también como «tarea concreta» la «reparación» e «indemnización» a las víctimas de los abusos en la Iglesia.
En definitiva, Armengol fijó como tarea la de «acabar con las desigualdades», pero «desde el convencimiento de que la diferencia y la multiplicidad son signos de riqueza», una premisa para la que se apoyó en una cita de la propia encíclica ‘Magnifica humanitas’ del Papa, que llama a «edificar juntos» y «hacerlo «transformando la diversidad en un recurso».
La presidenta del Congreso también se apoyó en la encíclica de León XIV para corroborar que «la tecnología ha de estar al servicio de la humanidad» y advertir de la «desorbitada e impredecible revolución de la inteligencia artificial». Recomendó, frente a ella, «delimitar las maneras de actuación bajo unos supuestos solidarios, empáticos y responsables, que garanticen un acceso igualitario».
Así, Armengol demandó que » la razón de ser de esta poderosísima herramienta sea la búsqueda de la dignidad de todas las personas y el bien de los pueblos, no el enriquecimiento de unos pocos, no la encarnizada lucha de poder a la que ahora asistimos».
«Debemos reorientar la economía hacia la dignidad y la tecnología hacia la igualdad, la estabilidad y la inclusión», exhortó, antes de concluir que «ninguna innovación será verdaderamente valiosa si erosiona aquello que nos define como sociedades libres y democráticas».






















