Así lo proclamaron en una de las columnas programadas por los sindicatos de inquilinas en la manifestación que concluirá en la Plaza de Cibeles, junto al Ayuntamiento de la capital. A esa columna salida este mediodía desde Atocha se suman las que han partido desde La Plaza de España, el Hospital de la Princesa, la Glorieta de Emilio Castelar y la Puerta del Sol.
‘Ni gente sin casa ni casa sin gente»; «vamos hacia la huelga, la huelga general» y «que viva la lucha de la clase obrera», son otras de las consignas que se escuchan en las calles de Madrid, con el objetivo, indicaron portavoces del Sindicato de Inquilinas, de convocar en unas semanas esa huelga general.
En concreto, la portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, Valeria Racu, aseguró que “pase lo que pase a nivel electoral, el camino está claro que es hacia la huelga general”, y anunció que “será pronto”.
“Queremos que sea una huelga histórica, con una participación como no se ha visto en años”, afirmó Racu, quien explicó que están conversando con los sindicatos para convocarla y que son favorables a hacerlo.
Sobre lo ocurrido ayer en la Cámara Baja, denunció que “toda España sabe que tenemos un Congreso secuestrado por el rentismo y alejado de la realidad de las calles y de la mayoría social”. “Es una lacra para la sociedad y tenemos que acabar con él”, añadió sobre el rentismo.
En todo caso, aseguró que en las calles “no hay desafección, desesperanza, desilusión o tristeza”, sino que “hay una nueva energía que hacía tiempo que no veíamos”. “Hemos hecho más en ocho días que en ocho años de Gobierno progresista”, espetó.
“El poder vuelve a las calles”, declaró Racu, quien advirtió de que no van a «tolerar otros cuatro años sin atajar el mayor problema del país”. “Los verdaderos invasores son los inversores que viven a nuestra costa y usan nuestra vida para hacer negocio”, sentenció.
En un folleto que distribuye el citado sindicato en la Puerta del Sol de Madrid, se explica que cuando se refieren a la huelga general, hablan de «llevar la fuerza que han construido en estos días con el caso Maricarmen mucho más lejos». La intención, subraya el texto, es «pasar a disputar colectivamente» las condiciones en las que viven, conseguir contratos «estables», «bajar los alquileres y hacer que las casas vuelvan a servir para vivir y no para especular».





















