Según cuenta, comenzó a correr la vaca con 16 años, “como todos los chavalillos”, y al llegar a los 22 “dos grandes maromeros, El Tata y Manolo, me ofrecieron unos guantes y me dijeron que si me atrevía. Les dije que por supuesto, y ahí empezaron mis andanzas”.
“Desde entonces -continúa- llevo 33 años ejerciendo como maromero, de los cuales los últimos los ejerzo como cabeza de maromeros. Tengo un equipo de profesionales a mi cargo que solamente con mirarnos sabemos lo que tenemos que hacer. Todos damos todo por todos y siempre velamos por el bien de la vaquilla y para intentar evitar que los corredores padezcan una cogida grave”.






















